Sanado a mis madre

Por Mayadhevi Mimbrera Hernández


La negación más fuerte hacia mi feminidad, fue la que hice contra la maternidad. Alegue al principio que no tenía la edad, según yo era muy joven y tenía mucho por delante. Después, los vi como una limitante en mi carrera profesional...Así deje pasar los años y cuando me di cuenta, ya estaba en el límite para tener un hijo, peor aún no tenía pareja....Y cuando ya las esperanzas estaban pérdidas sucedió el regalo más hermoso, estaba embarazada y ahí empezó un viaje sin igual.

Ahora que ya estaba en el viaje, no sabía que pasaría, sentí que era algo único, increíble, lleno de sensaciones y cambios. Tu cuerpo cambia, pasas sustos porque no sabes si es normal o no. Qué hago??? A quien recurro??? Mis amigas, si era buena opción, pero estaban lejos...Volteo hacia ella, y ahí está....Tan pequeña y con ese aroma inconfundible a sándalo...Mi madre.

Tanto renegar de sus palabras, advertencias y consejos toda la vida y ahora ya no tenía escapatoria. Ahí estaba ella tan paciente y llena de amor como siempre. Y entonces la vi, la vi como nunca antes lo había querido hacer.

Empecé preguntando pequeñas cosas del embarazo, luego de como vivió el suyo conmigo, con mis hermanos, su madre, su abuela...Y todo fue claro, asombro, maravilloso; lleno de historias buenas, malas, increíbles, chistosas, secretos, dudas, sorpresas...Un mundo de información.

Toda su historia como mujer fue asombrosa, ya que no fue nada fácil, llena de muchas carencias afectivas, pero tuvo un sueño, algún día tendría una familia con hijos y esposo, y les daría ese amor que le fue negado no repetiría la misma historia....Y lo cumplió.

Tanto que no le importó pasar por una hermosa historia de amor con mi padre, de esos amores de novela, (no de comedia de TV, aclaró) viajar con sus hijos junto a él, como una Adelita, pasando por aventuras increíbles, así como los días oscuros de carencia de dinero, comida y hogar. Pero ella nunca tiró la toalla, fiel a su sueño, no dejo que sus hijos vivieran desamor y les enseñó el valor de las personas, a ser felices, el respeto y otros tantos conceptos de la vida...Nunca se quejó y si era necesario se sacrificó.


Cada vez que iba descubriendo y reconociendo a i madre, se fueron cayendo esas ideas que tenía de ella, que me regañaba, me castigaba, no me entendía...En pocas palabras, era una mala madre. Todo estaba en mi, en mi egoísmo, mi enojo, mis vacíos, mis ideas, que esa es otra historia. Ella sólo hizo lo que creía que era lo mejor para sus hijos, todo lo que hace una madre por amor, ese amor incondicional, que ahora que soy madre lo entiendo.

Y ahí sucedió, que me vi como esa niña que veía a su madre, llena de admiración, en esos brazos que te dan consuelo, tranquilidad, seguridad y amor. Deje de juzgarla y me entregué a ese sentimiento que durante mucho tiempo me negué, y simplemente ocupe mi lugar, no de inquisidora ni juez, el más hermoso a su lado y que escogí...Ser su hija.

Gracias mamá por darme la vida, por llevarme en tu vientre, por todo tu amor infinito, pero sobre todo por tu paciencia conmigo, ahora aplicaré lo aprendido a tu lado y se que si tropiezo, ahí estarás como siempre para guiarme y acompañarme en este camino y esta nueva etapa en nuestra vida. Te amo.

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