Dominique, y el espiral de la Terapia Menstrual


Colabora Dominique Siddhu para Lunario de Junio de la Terapia Menstrual

Fotos : Melisa Vargas


Ella se presentó como Dominique esa mañana, con su falda larga y su sonrisa brillante esta maga llegó a mi vida.

Agradecida profundamente por su medicina amorosa y alegre ella hoy comparte con todas nosotras mujeres su experiencia en la espiral de la Terapia Menstrual

… Ya había atravesado gran parte de mi vida como aquella mujer esqueleto, sin carne, cabellos frágiles, sin ojos, una parte mía temible me acechaba constantemente, me había abandonado y debía resistir al suicidio permanente e insistente de mi cuerpo y corazón.



Venía hace unos años sumergiéndome en las mujeres, circulando, atravesando hermosas medicinas, que iban poco a poco despertando a aquella mujer olvidada, había buceado en mi cuerpo y espíritu en varias oportunidades, me liberaba y cada día amando más y más a mis hermanas de camino, en tribu, en cada mujer una parte de mi asomaba, sentía que iba sanando espacios recónditos de mi andar , sin embargo una parte latente, me avisaba en sueños, en el tejido, mientras danzaba, dormía y respiraba, que había un lugar al que no había llegado y que seguía transitando en el tiempo con un lugar de mi historia a cuestas.

Creo fehacientemente que todo ocurre en el tiempo perfecto, solo debía esperar a que llegara el día en que aquella niña pudiera ser acompañada en su duelo, en la muerte de su inocencia robada y una adolescencia vedada llena de flagelos.

Ahí estaba, después de días intensos junto a misteriosas e increíbles mujeres, encontrándome con una niña despojada de sueños y verdades…, la voz de Zulma susurraba dulce e indisoluble, generosa me acompañaba a buscar un espacio de mi vida que no me atrevía o más bien no podía traer a ese presente…

Mientras escribo, me acompaña el abuelo fuego, mi corazón se acelera y las imágenes llegan como si hoy en mi despertar hubiese vivido nuevamente la Terapia Menstrual , el viento sopla impetuoso y yo me transporto hasta aquel grito colectivo de mis hermanas, la purga venía desde nuestras uteras y en ese soltar yo iba aceptándome y reconociéndome como mujer, en mi dolor y en el de ellas.

Tomaba de la mano a una niña dolida, insegura, asustada, nos abrazamos… le explicaba que todo absolutamente todo estaba en perfecto orden, me miraba sabia y paciente, ella había esperado por mucho a este encuentro alquímico.

Me murmuró cálidamente, que se sentía inmensamente orgullosa, que me había convertido en la mujer que ella siempre quiso ser… la pequeña después de tanto, era abrazada, pero en ese entonces, contenida por ella misma, observé su ojos y logré ver que la inocencia aún permanecía, entre lágrimas en ese instante comprendí la misión que inconscientemente yo me había otorgado, no podía fallarle/me. Me sentía estremecida las palabras más sanadoras de mi vida habían venido desde mí, desde mi útero, mi cántaro terminaba de liberar memorias de rabia y dolor que se hallaban arraigadas a mi vientre desde hace mucho tiempo.


Hoy desde tierras, frías y lejanas, donde el fuego interno, como me dijo una hermana debe permanecer activo en todo momento… en la soledad la niña regresa, se queda por algunos días, a veces cautelosa, en otras mostrándome de frente mis sombras, esta vez desde otro lugar, en otro entendimiento, cobijándonos en esta oscuridad, ambas procurando que el fuego no se apague.

Respiro, me sumerjo en aquello que no quiero ver y exhalo la tranquilidad de ser consciente de mi fuerza, de mi cuerpo como territorio salvaje, como una Loba, firme, poderosa, sintiendo la sutileza de mis óvulos, de mi sangre, honrando profundamente a mi linaje, abrazando a las mujeres que nos hemos acompañado en esta sanación de infinitas heridas que portamos en nuestras reminiscencias.

Con inmensa gratitud elevo un rezo, por mi niña desencadenada, por el orgasmo más bello compartido junto a maravillosas mujeres, por parirme a mi misma con un profundo placer, por días de magia pura, por elegir sanarme, ser un canal en cuerpo y voz para empoderar a mis ancestras cuando lo necesitaron, por mis hijos/as y los de mis hermanas que vendrán a vivir en amor, por nuestro linaje, por nuestra tierra.

Ha sido una de las experiencias más sanadoras y enraizadoras de mi vida.

Te abrazo en la distancia mi amada Zu…

Ahá Metakiase.

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