Denuncia Menstrual

Por Diana E. Betancur Toro

Como mujeres asignadas al nacer, la relación que hemos tenido con nuestrx cuerpx ha sido hostil, donde los discursos patriarcales y capitalistas sobre el ciclo menstrual han construído un cuerpo para otros y no para nosotras. Un cuerpo que sólo pareciera existir como mecanismo de reproducción humana. Desde la terminología que le describe como “aparato reproductor” y no como órgano femenino; donde la salud está vinculada a la mirada divisoria entre cuerpo y mente, y otras maneras de abordar nuestrx cuerpx no tiene cabida. Quedando así, reducidas a la visión médico-científica hegemónica que a lo largo de la historia ha robado nuestra voz e invisibilizado nuestrxs cuerpxs.




Por consiguiente, la salud menstrual ha sido reducida a un asunto de descripción corporal biológica y de cómo lidiar con el dolor que impide a ese persona que menstrua habitar la cotidianidad, construyendo así una feminidad que debe ocultar lo rojo que emana de su entrepierna con todas las consecuencias que ello implique. A la menstruación se le ha castrado su ciclicidad, enfocándose en los días que la sangre emana y proporcionando todo dispositivo que permita esconder ese proceso y habilitar ese cuerpo a la mirada de los otros. Esconder nuestra sangre, porque eso es lo que nos permite socialmente existir sin ser recriminadas, señaladas, sin ponernos en desventaja. Esconderla en nuestras escuelas, en nuestros trabajos, en los baños públicos, y aunque parezca disparatado, en nuestros propios hogares. Esconderla porque se nos vendió la idea de que la menstruación es privada y así perdimos de perspectiva que menstruar es un asunto político que requiere de la mirada del Estado y que sin ella no habrá justicia menstrual, y por ende, equidad de género.

Es así como las personas menstruantes respondemos a lo que la sociedad expecta de nuestrxs cuerpxs, considerando natural el borrar el rastro de nuestra sangre. Cabría preguntarnos entonces ¿si se tiene que ocultar, se debe de considerar natural?. Indudablemente los tabúes menstruales están construídos desde un imaginario androcéntrico que la misoginia sustenta y la cultura perpetúa; donde para sobrevivir, en cuanto a la sangre menstrual, se tiene que masculinizar el cuerpo y quien menstrúa, pierde. La cultura no sólo ha establecido el comportamiento de la persona que menstrúa, no sólo le ha indicado cómo debe de experimentar sus propias emociones, sino también cómo se le antoja a la sociedad nombrarla a ella y a las partes de su cuerpx que guardan relación con el ciclo menstrual y al sangrado mismo. La manera cómo se nombra el proceso menstrual da cuenta de cómo se percibe, se entiende y se explica, tanto para quien lo experimenta a través de sus cuerpxs, como para quien lo observa.

Entonces, si la menstruación ha sido sinónimo de exclusión, la cultura entramado de perpetuación y la educación, posible herramienta de transformación; cabría preguntarse ¿qué papel desempeña la academia?. Y como respuesta se encuentra que en Puerto Rico carecemos, académicamente, de trabajos, investigaciones y publicaciones que aborden el tema de la menstruación alejado del paradigma médico, científico y biologicista. Por lo tanto, el silencio académico de las Ciencias Sociales ante la temática menstrual, conspira con el discurso opresor hacia la persona menstruante. Necesitamos con urgencia, educación con perspectiva de género, provisión gratuita y accesibilidad a los productos para la gestión menstrual, investigaciones y estadísticas que nos hablen sobre las personas menstruantes en el País y poder tomar así decisiones informadas, espacios sanitarios aptos para el manejo del ciclo menstrual y sobre todo, espacios educativos y transformativos seguros para las personas menstruantes. Todo esto sin perder de perspectiva que no hay justicia menstrual sin la resignificación de la menstruación desde la interseccionalidad.


Por Diana E. Betancur Toro

Feminista y menstruactivista, formada en educación, psicología industrial organizacional, psicología social comunitaria, educación menstrual y terapia menstrual. Gestó Lluvia Roja, un programa crítico y político de Concientización Menstrual, que procura la justicia menstrual con la transformación social como bandera.


Imagen por: Egisen Carrasquillo Hernández (Caculo Creativo)

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