Aprendiendo limites como terapeuta





Llegamos a la tesis y con ella a las consultas gratuitas para aprender en la práctica. Hasta entonces había vivido la Terapia Menstrual como un proceso personal, de autoconocimiento y apertura del universo femenino.

Ahora el momento era nuevo, era hora de poner a prueba el aprendizaje para compartir este camino de transformación con más mujeres, porque sí, la Terapia Menstrual transforma mucho.

Preparé una habitación especial para la atención, todo muy sencillo y cariñoso. Una mesa de servicio, una cama para masajes, material de estudio, música, incienso, sahumerios, velas, un altar con flores y hierbas que ocuparía en las sesiones. Lord Ganesh (semidiós hindú - removedor de obstáculos) centró nuestro altar para que fluya el trabajo. Hubo un té al final de cada sesión de acuerdo con la dinámica y las hierbas utilizadas.

He estado consultando a cinco amigas que viven en la comunidad conmigo.

Zulma nos aconsejó tener tres consultantes para la tesis, o sea, reunir a cinco fue el primer paso para pasar el límite.

El hecho de que viviéramos juntos y fuéramos amigas fue un gran apoyo para este comienzo. La confianza fue mutua, fue a nuestro favor y en ese sentido fluyó muy bien. Otro aspecto precioso fue la empatía que generó cada historia. Mirar profundamente a mis amigas me permitió conocerlos de una manera diferente, fortaleciendo los lazos. Creo que fue algo similar para ellas, porque no conocían mi lado de terapeuta. De hecho, ni siquiera yo me conocía terapeuta, fue gracias a ellas que aprendí a conocerme en este sentido y también a observar qué límites son para mí.

A veces era divertido porque todos los días había una de las cinco que no me hablaba tanto. Entonces, con las consultas, me buscaba y me contaba todo lo que le pasaba, me decía “te lo cuento porque ahora eres mi terapeuta”. En nuestra historia de amistad tuvimos conflictos de convivencia y ahora por la terapia siempre hablábamos, ambas generaban apertura.

Presento este relato personal por la grandeza que fue más allá de la terapia, porque aprendí a admirar y comprender a esta amiga, lo que me hizo sentir un gran amor por ella. De hecho, reconozco que su entrega fue diferente a las demás, al final no hubo duda de que la tesis debía estar con el informe de estas citas.

Pero, como todo positivo tiene su lado negativo, como una moneda de dos caras o una espada de doble filo, lo negativo para mí fue tener que adaptar mi tiempo al tiempo de las consultantes y no al revés.

En cuanto a los límites, este detalle es muy importante porque la terapeuta debe tener horarios y tener estos horarios disponibles, no todos o cualquier horario solo porque estás asistiendo gratis y necesitas hacer una tesis. ¡No!

Sin embargo, en el contexto de la comunidad tenemos responsabilidades y nuestro servicio es voluntario, entonces como estaba sirviendo a todas las mujeres a la vez, tenía que acomodarme con el tiempo de trabajo. Además de que cada uno tiene un ritmo diferente, por lo que a veces era una locura. Había días en que, además de los servicios comunitarios, tenía tres o cuatro citas seguidas y era matador. Pero como la idea era hacer una maratón, me lancé al fuego de la intensidad y el cariño por mis amigas. Permití vivir esta superación de límites.

Otro punto relacionado con el tiempo es que en el curso aprendimos que las consultas tienen pulso, es decir, las reuniones tienen un tiempo cercano a la 1h30 como máximo. No fue mi caso como ven, porque atendí a amigas que convivimos en familia, son como hermanas para mí. Conclusión: 1h30 era el tiempo mínimo para la consulta, ya que a veces tardaba hasta 3 horas. Imagínate, te escribe un perfecto mal ejemplo, pero yo era consciente de ello.

Si me preguntan hoy si lo haría de otra manera, posiblemente la respuesta sería no, pero a partir de esa experiencia tomaría en cuenta los límites y sí, con gente nueva a partir de ahora me gustaría aplicar terapia con estos y algunos otros. límites aprendidos.

Aline Nieri

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